Mario de Vega: vida y muerte en el Arte Alameda

Mario de VegaEn el Laboratorio Arte Alameda se presentan dos exposiciones de Mario de Vega: SIN, una serie de intervenciones ex profeso, y una retrospectiva que recorre diez años de trabajo del artista mexicano. Dos muestras que evidencian cómo se hacen presentes la vida y la muerte en el arte.

SIN

Llegas al Laboratorio Arte Alameda. Negocias tu entrada y te piden que firmes un documento en el que te hagas responsable por entrar a la exposición SIN de Mario de Vega (Ciudad de México, 1979), donde podrías sufrir alucinaciones, pérdida del equilibrio, ataques cardiacos. No pueden pasar niños, mujeres embarazadas ni personas de la tercera edad. Aceptas y das tu autógrafo.

Bajas las escalinatas y antes de la puerta de madera del ex convento de San Diego ves una gran campana fundida en bronce. Lees la hoja de visita y te enteras que es una intervención del artista mexicano para esta muestra.

A la pieza la han llamado ABSENTIA. Se trata de un gesto que recuerda a aquellos que fueron quemados vivos en ese lugar durante la inquisición. Como ellos, la campana también está muerta. Fue hecha para que no sonara. Al final de la exhibición, estará enterrada en el atrio del templo y la acompañará una placa que indique su presencia. Una denuncia histórica.

Antes de entrar notas a los paramédicos que están ahí en caso de ser requeridos. Aún afuera percibes un sonido similar al de un teléfono celular que vibra, pero constante y con un volumen más alto. Lo emite el edificio mismo.

Ya adentro, lo primero que notas es la blancura de las paredes que se expande por el espacio totalmente desprovisto de objetos. Al mismo tiempo confirmas que el suelo y el techo se estremecen, hacen ruido.

Vista general de la nave principal del Laboratorio Arte Alameda en la muestra SIN de Mario de Vega.

Sobre la nave, tus pies captan un látigo invisible que se sacude por debajo de la duela. El zumbido no cesa. Va y viene de forma aleatoria. Hay momentos que se siente especialmente intenso. Te acercas a uno de los muros, lo tocas y adviertes que palpita; como si la construcción del siglo XVI tuviera corazón.

La intervención se llama NODO. Funciona con un oculto sistema de amplificadores y altavoces que hacen resonar al edificio. La capacidad de ese equipo de retroalimentación, luego te enteras, sólo opera a su cuarta parte de capacidad. Se vuelve inminente la posibilidad de que alguien suba la potencia y el lugar se desvanezca sobre ti.

Al centro de la galería principal se abren dos alas. En una ves una cortina de cables de alta tensión con 7,000 volts que bloquea el acceso a un mural que escenifica un momento evangelizador. En ese apartado está la poderosa tierra física que electrifica las piezas de metal. Apenas una línea sobre el suelo te indica precaución. Entre los cables y el mural se ven palomitas de maíz que señalan la curiosidad de los visitantes que han querido probar la veracidad de la corriente. ¿Cómo ver la energía eléctrica?

Mario de Vega, cerca de cables con corriente de 7,000 volts, 2013.

La otra ala vomita un sol. Mario de Vega ha colocado 30 luminarias industriales que emiten 12,000 watts de luz. Te es imposible ver de frente los focos y se anulan tus ganas de contemplar la intervención. Mientras pasas de largo descubres tu cuerpo sintiendo el calor de la actividad incandescente. Lo que tu cuerpo no percibe es el sonido de la luz, que está ahí pero es imperceptible al oído humano.

Mario de Vega, 30 luminarias de 12,000 watts, 2013. Te introduces en la sala anexa del ala de las luminarias y te encuentras en un cubo con un muro de 16 amplificadores de donde sale un chiflido vibratorio parecido al de un horno de microondas. Estás en la intervención CREDO. Hablas un poco y tu voz se descompone en capas. “Soy un robot”, te dices. Te vuelves víctima de la actividad infrasónica.

Por encima de los altavoces lees HAEC DICIT DOMINUS EXERCITUM, DEUS ISR ECCE EGO  INDUCAM DAMNUM SUPER LOCUM ISTUM, UT OMNIS QUI AUDIERIT ERIT ATTONITUS (1). Te tuviste que desplazar por toda la sala para observar la frase completa. No entendiste nada y supones que el artista la puso como una trampa para que te movieras y pudieras sentir y escuchar las vibraciones desde distintos lugares. Luego te enterarías que era una cita sobre el mal.

Tomas un ligero descanso en los sillones de la última sala. Sin notar cómo pasó, te sientes inquieto; tu cuerpo tiembla. Nada grave. Nada como para ir con los paramédicos.

Mario de Vega, CREDO, 2013.

Mario de Vega 2003-2013

Te trasladas a la sala que curó Michel Blancsubé sobre 10 años de trabajo de Mario de Vega. Ahí las cosas cambian; nada de alta tensión ni vibraciones. Notas a primera vista que no es una típica exposición retrospectiva atiborrada de detalles y bocetos innecesarios. Es distinta; no tiene cédulas, no sobrepasa los 30 objetos, no hay cronologías didácticas. No está el artista, está su trabajo.

Ves registros de explosiones, objetos deformados, ruinas. Robert Smithson diría que la retrospectiva de Mario de Vega es como una postal autodestructiva de inmortalidad fallida. Hay un microuniverso de cosas que apenas refiere a algunas intervenciones que ha hecho el artista.

Mario de Vega, Tiere, 2011.

Observas detenidamente la foto de unos libros en cenizas, otra de un venado falso atravesado por mil flechas, retratos de gente que porta audífonos. Pareciera que nadie te quiere dar toda la información de lo que pasó para que se generaran esas imágenes. Como si estuvieran resignados a la incapacidad de documentar situaciones artísticas tan complicadas ¿Cómo se hace? ¿Eso se puede?

En medio de la sala reposa una tanque de gas con capacidad para 1,600 litros detonado con 6.5 kg. de pólvora. Una “ruina en reversa”, diría, de nuevo, Robert Smithson. Un monumento sutil que después de haber sido caído, se levanta. Evidencias una trampa temporal. ¿Dónde está el tiempo?

Mario de Vega, Tanque de gas de 1,600 litros detonado con 6.5 kg. de pólvora, 2012.

Ahí cerca, suda una cápsula de vidrio incrustada en la pared que en su interior guarda una figurilla de porcelana; “unas piernitas”, crees. No te atreves a tocarla no por temor a los custodios sino porque luce ardiente. ¿De dónde sale el calor? En un microsegundo recuerdas que justo del otro lado está la pared de las luminarias de 12,000 watts. Confirmas en la hoja de visita donde viene el mapa del Laboratorio Arte Alameda que, efectivamente, están unidas estas dos partes.

Aprecias el gesto del artista de unir sus intervenciones actuales con las pasadas; sus explosiones inminentes con las que ya fueron; su posible deseo de conectar simbólicamente la vida con la muerte.

Vida y muerte

Pese a que pedagógicamente se podrían separar las intervenciones ex profeso y la sala retrospectiva (arte en vida y arte en muerte) es posible ver cómo ambos dispositivos –vida y muerte- se hacen presentes en ambas instancias del trabajo artístico de Mario de Vega en el Laboratorio Arte Alameda.

En SIN, es muy claro ver cómo las intervenciones suceden mientras están expuestas. La campana hace viva la historia de la inquisición; la nave es resonando con su propia frecuencia; por los cables corre energía eléctrica; la exposición está viva.

Mario de Vega, ABSENTIA, 2013.

Sin embargo, las piezas también son amenazantes y hacen inminente la muerte. No, difícilmente alguien morirá en el Arte Alameda, pero el riesgo que se corre ante un descuido sí puede tener consecuencias. Esta misma situación deja ver al lugar como un verdadero laboratorio. La muestra no es la misma todos los días.

Por otro lado, la sala retrospectiva no es para nada un cementerio. Si bien los objetos mostrados están inertes, contienen energía que se desborda de sus marcos. Son ejemplos de entropía. Además, al estar expuestos se les confiere una existencia, una duración vital y al evocar una realidad irrepetible se convierten en sustitutos de lo vivo.

Vista de la cápsula con una figura de cerámica dentro unida a la parte trasera de una pared con luminarias de 12,000 watts.

Donde se cristaliza claramente la problemática relación de vida y muerte es ahí donde las luminarias de 12,000 watts se enlazan con una caja de cristal que descompone una figura de cerámica en la sala retrospectiva. Ahí donde comienza la vida de los sonidos inaudibles de la luz, está terminando la existencia de otro objeto. ¿Cómo documentar esto? ¿No es ejemplo de que el arte cuando se convierte en vida es inasible?

Las exposiciones de Mario de Vega en el Laboratorio Arte Alameda vienen a significar, más que una crítica institucional por el excesivo gasto de energía eléctrica, una crítica, primero, a las mal llamadas artes electrónicas que muchas veces despilfarran recursos para apenas cometer un gesto sin efecto y, luego, a la aspiración del arte por convertirse en vida. En los trabajos de de Vega, la vida es un objeto del arte, son casi lo mismo, y por lo tanto son imposibles de aprehender, de documentar, de mostrar. Por eso, tal vez, antes estas obras no escuchamos lo que suena, no vemos lo que es y se disloca nuestra percepción. [T\ 

-Por Alejandro Gómez Escorcia // @Textualex

(1) Que se puede traducir como: Esto dice Jehová señor de los ejércitos, Dios de Israel: “he aquí que traigo pérdida sobre este lugar”, y todos los que escucharon, quedaron pasmados.

-Mario de Vega, SIN y Mario de Vega 2003-2013, Laboratorio Arte Alameda, México DF, del 20 de junio al 1 de septiembre de 2013.

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2 Respuestas a “Mario de Vega: vida y muerte en el Arte Alameda

  1. Arte Alameda me gusto mucho pues es muy interesante algo . que he seguido todo el tiempo , ojala pudiéramos aprender mas y leer a cerca de todo esto tan importante, el artista me enorgullece que es Mexicano , le deseo éxito y adelante. Tengo trabajos de el desde hace mucho tiempo me interesa mucho sus trabajos ,un fuerte abrazo con mucho orgullo .

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